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Impactos (im)?previstos: efectos de las políticas domésticas en el exterior

Desde la aprobación de la Agenda 2030 en septiembre de 2015, muchos países alrededor del mundo se han puesto manos a la obra para adaptar y orientar sus políticas públicas en torno a los 17 objetivos que plantea la Agenda y sus correspondientes metas. Pero esta labor no ha sido del todo fácil, y seguramente lo será aún menos tras esta pandemia. Los grandes retos que plantea la Agenda vienen de la mano de su propia naturaleza, principalmente de su carácter interconectado e interdependiente y de su enfoque de sostenibilidad y protección al medio ambiente; ambas cuestiones chocan de manera directa con la forma en la que se han venido construyendo las políticas domésticas y exteriores hasta ahora, un modelo productivo extractivista, colonialista y enfocado en el beneficio económico de unos pocos, sin mencionar la falta de consideración por los efectos que las políticas domésticas de un país puedan tener sobre otros.

Los efectos de las políticas de un país más allá de sus fronteras se conocen como ‘efecto derrame’ (spillover effect en inglés) y ocurren cada vez que las políticas públicas o acciones de un país generan efectos “colaterales” en otros; efectos que usualmente no se ven reflejados en los costes de mercado, y por tanto no son asumidos o interiorizados por las acciones de los consumidores. Un buen ejemplo es cómo el consumo de un país como Alemania genera la emisión de gases de efecto invernadero en el país encargado de producir esos bienes, como China, y los efectos que estos gases luego producen en el efecto invernadero. Sin embargo, existen muchos otros “efectos derrame” producidos por las acciones de los países en el exterior, como el aumento del nivel del mar a causa del cambio climático que ya ha comenzado a afectar de manera altamente negativa a muchos países insulares.

Reducir los impactos negativos de las acciones de los países en terceros estados no es tarea fácil, sobre todo porque implica un cambio de paradigma en la forma de diseñar, implementar y evaluar políticas públicas. Al respecto, el enfoque de Coherencia de Políticas, promovido desde hace varias décadas por la OCDE, intenta no solo concienciar a los estados sobre lo nocivo de estos efectos, sino también promover el intercambio de buenas prácticas y la creación de herramientas para facilitar a los países su detección y el cambio en sus políticas para mitigarlos.

En relación a esto, uno de los principales retos sigue siendo la medición y el seguimiento de estos “efectos derrame” debido a la falta de datos e indicadores a nivel global, lo que muchas veces impide que los países puedan visualizar de manera clara los efectos de sus políticas en el exterior. Aquí la labor de plataformas e instituciones como SDSN, el SEI o la OCDE son de gran utilidad en la recolección de información y en la generación de herramientas como las que presentaremos a continuación para reducir estos vacíos:

Monitoreo online de impactos medioambientales

La SDSN junto con el BMZ (German Federal Ministry for Economic Cooperation and Development) elaboraron una herramienta online para visualizar los efectos del consumo doméstico en otros países. La herramienta nos permite elegir entre diferentes efectos, desde gases de efecto invernadero, gastos de agua y muertes en el entorno de trabajo y nos permite analizar de manera visual el ranking de terceros países en los que esos efectos están teniendo un mayor impacto. Por ejemplo (ver imagen inferior), el consumo en España genera un aumento de gases de efecto invernadero principalmente en China. Además se ofrece un índice general de spillovers y un ránking de los países que más efectos nocivos generan a nivel global.

La herramienta utiliza una metodología que se centra en calcular los efectos medioambientales que tiene el consumo y el comercio, a través de 3 categorías de indicadores que permiten dar seguimiento a las complicadas cadenas de suministro de bienes a nivel internacional.

El mapa interactivo permite ver los efectos medioambientales del consumo de los países

Spillover Score

La red internacional SDSN a partir de los datos recolectados en la elaboración del Sustainable Development Report, ha elaborado un mapa interactivo que permite observar de manera gráfica los diferentes efectos provocados por cada país en el resto de países del mundo.

El Spillover Score se calcula a partir de indicadores repartidos en 4 dimensiones: medioambientales, económicas, sociales y de seguridad.

  • Indicadores medioambientales: se incluyen 6 indicadores para esta dimensión, que miden por una parte los distintos gases de efecto invernadero que se producen (nitrógeno, dióxido de carbono y dióxido de azufre), los gastos de agua dulce y por último las amenazas a la biodiversidad marina y terrestre producidas por las importaciones.

  • Indicadores económicos: son 4 indicadores que miden las ganancias de multinacionales, la ayuda al desarrollo, los paraísos fiscales y la contribución al secreto financiero.

  • Indicadores sociales: solo cuenta con un indicador, que mide el número de accidentes laborales fatales relacionados con la importación.

  • Indicadores de seguridad: también cuenta con un solo indicador, que mide el nivel de exportaciones de armas convencionales.

Gracias a esta herramienta es posible valorar qué países están causando mayores efectos en el exterior con sus políticas domésticas, qué indicadores concretos son los más susceptibles a revisiones para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030, así como los progresos o retrocesos anuales para cada indicador.

El mapa nos permite navegar por los distintos países y conocer sus resultados para cada tipo de indicador.El mapa nos permite navegar por los distintos países y conocer sus resultados para cada tipo de indicador.

La medición y el seguimiento de los spillovers o ‘derrames’ que producen las políticas públicas de los países en el exterior es de vital importancia para que los gobiernos puedan tomar decisiones informadas y basadas en evidencias. Si se quiere llegar a cumplir con los objetivos de la Agenda 2030 se necesitan más que nunca datos fiables que permitan conocer estas interconexiones a nivel global.

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