

Cada diciembre, tras el Día de la Constitución, llegan las tradicionales jornadas de puertas abiertas en el Congreso de los Diputados. Miles de personas hacen cola para entrar en el edificio, fotografiarse en los escaños y tocar los leones de bronce. Es uno de los pocos momentos en que la ciudadanía puede pisar el lugar donde, en teoría, se les representa.
Pero cuando se cierran las puertas de los leones, el Congreso vuelve a ser un espacio tremendamente opaco. Y no hablamos solo del acceso físico al edificio, sino de algo mucho más grave: no podemos saber cómo vota cada diputado en las Comisiones parlamentarias, donde realmente se decide el contenido de las leyes.
Todos hemos visto alguna vez un Pleno en televisión. Los diputados gritan, interrumpen, aplauden. Parece el corazón de la democracia. Pero la realidad es que el Pleno es casi siempre un paripé: las decisiones importantes ya están tomadas.
Es en las Comisiones donde se corta el bacalao. Ahí se examinan los proyectos de ley línea por línea, se debaten y votan las enmiendas, se configura el texto final. Es donde realmente se legisla.
Y ahí, por increíble que parezca, no sabemos cómo vota cada diputado.
El voto no es formalmente "secreto" —salvo que lo soliciten dos grupos parlamentarios o una quinta parte de los miembros de la comisión y se apruebe—, pero el sistema actual de votación a mano alzada hace imposible conocer el sentido del voto de cada representante. Solo podemos ver vídeos en los que, si quisiéramos identificar a alguien, tendríamos que reconocerlo por la espalda.
Como mucho, sabemos cuándo un diputado se equivoca o vota ilegalmente por un compañero ausente... y siempre por filtraciones periodísticas, nunca por transparencia institucional.
El I Plan de Parlamento Abierto, aprobado en marzo de 2025, reconoce el problema. De hecho, recoge el compromiso de estudiar la forma de registrar electrónicamente las votaciones en comisión para poder publicar su autoría, tal como ya ocurre en los Plenos.
Pero ese compromiso, por ahora, se ha quedado en papel mojado. No se ha avanzado lo suficiente.
Esta situación no es inevitable. No existe ninguna norma constitucional que obligue a mantener esta opacidad. De hecho, la mayoría de parlamentos democráticos de nuestro entorno publican los votos nominales de sus diputados en comisión.
En el Parlamento Europeo, desde 2014, todas las votaciones finales en comisión sobre legislación y resoluciones son por lista nominal. El voto individual de cada eurodiputado se registra y se publica en la web oficial. Puedes entrar en plataformas como HowTheyVote.eu y ver exactamente cómo votó cada representante en cada asunto. Transparencia total.
En el Reino Unido, las Public Bill Committees (las comisiones que tramitan proyectos de ley) se reúnen en público y sus sesiones se transcriben íntegramente en Hansard, el diario oficial del Parlamento. Cuando hay una votación, se hace por lista nominal: se leen los nombres uno a uno y se registra si cada diputado vota Sí o No. Al día siguiente, los resultados se publican con nombres y apellidos.
En Suecia, el Riksdag lleva décadas publicando todos los votos nominales individuales de sus diputados (sí, no, abstención, ausencias). Los datos están online y puedes analizarlos por comisión, por tema, por periodo. Es información pública básica en una democracia madura.
Porque sin información no hay rendición de cuentas.
Cuando un diputado vota sin que quede registro público, no tiene que explicar su decisión. Puede decir una cosa en público y votar otra en privado. Puede ceder a presiones de su grupo parlamentario sin que nadie lo sepa. Puede aprobar enmiendas que benefician a lobbies concretos sin dejar rastro.
La falta de transparencia en las comisiones convierte al Parlamento en una caja negra. Y una democracia no puede funcionar así.
La buena noticia es que esto se puede cambiar mañana mismo. No hace falta reforma constitucional. No hay impedimento legal. Es simplemente una cuestión técnica que podría resolverse con un sistema de votación electrónica en las comisiones, similar al que ya existe en el Pleno.
Bastaría con que los grupos parlamentarios acordaran implementarlo. O con que el Congreso cumpliera el compromiso que ya asumió en el Plan de Parlamento Abierto.
Desde Political Watch exigimos al Congreso de los Diputados medidas inmediatas de transparencia:
La democracia no es solo votar cada cuatro años. Es poder saber qué hacen tus representantes cada día en tu nombre. Y eso, ahora mismo, en el Congreso de los Diputados, no lo sabemos.
Es hora de que las puertas del Congreso se abran de verdad. No solo un día al año para hacernos fotos. Todos los días, para que la luz entre en las Comisiones.
Porque la democracia se construye con transparencia, no con secretos.
Foto extraída de la web del Congreso de los Diputados


