Hoy tampoco se rompe España: una nueva investigación revela que más del 70% de los ciudadanos no deshace sus vínculos cercanos por diferencias ideológicas

Hoy tampoco se rompe España: una nueva investigación revela que más del 70% de los ciudadanos no deshace sus vínculos cercanos por diferencias ideológicas

La narrativa del “España se rompe” no se sostiene con los datos. Esa es la conclusión central de «Polarización y participación ciudadana en España: barreras, motivaciones y condiciones para una democracia más inclusiva», la investigación que Political Watch ha presentado hoy en un evento online. La investigación combina una encuesta demoscópica a 1.515 personas operada por Netquest con grupos focales online y una revisión de expertos. Sus conclusiones muestran que, aunque las tensiones políticas son visibles en la esfera pública, la convivencia ciudadana en lo cotidiano se mantiene de forma mayoritaria.

Más ruido en los medios que en la mesa del comedor

Los datos del estudio dibujan una España donde el ruido público sobre la polarización contrasta con la realidad de los vínculos personales. Entre la ciudadanía adulta, el 69,1% de las mujeres y el 78,8% de los hombres declaran haber tenido conversaciones respetuosas con personas que piensan distinto. Eso son casi 8 de cada 10 ciudadanos. La cifra crece con la edad: del 68,4% entre jóvenes de 18 a 24 años hasta el 77,8% entre personas de 55 a 70. Entre quienes tienen una persona muy cercana —familia, pareja o hijos/as— que votaría muy distinto, el 69,3% de las mujeres se siente cómoda o se declara en posición neutral, frente a una minoría que vive ese desacuerdo con incomodidad.

«El relato de un país roto no se sostiene con los datos. Hay tensión, sí, pero también hay convivencia mayoritaria. Conviene distinguir entre la crispación que vemos en los medios y entre las élites políticas y la polarización real en la sociedad. Lo que medimos en este estudio son percepciones declaradas por la propia ciudadanía, y lo que refleja es un país donde la mayoría sigue dialogando y conviviendo políticamente. Y donde, sobre todo, la mayoría sigue dispuesta a participar para mejorar las cosas». — Belén Agüero, directora de Investigación de Political Watch

Las mujeres son las grandes guardianas de los vínculos personales

Uno de los hallazgos con mayor implicación social del estudio es que, aunque las mujeres declaran algo más de incomodidad ante la diferencia política que los hombres (30,7% frente a 27,4%), viven mucho menos conflicto en la práctica. Solo el 15,8% de las mujeres ha tenido una discusión fuerte por política (frente al 19,7% de los hombres), solo el 14,8% ha dejado de hablar con alguien por motivos políticos (frente al 20,1%), y solo el 7,9% ha abandonado un grupo de mensajería por discusiones políticas (frente al 13,9% de los hombres). Las mujeres sienten la tensión, pero sostienen el vínculo. Parecen ser más conscientes de los peligros de la ruptura relacional.

Los votantes caen mejor que los partidos a los que votan

La comparación entre partidos y votantes ofrece una de las lecturas más relevantes del informe: en todos los grupos ideológicos, la animosidad hacia partidos es mayor que la animosidad hacia votantes. Esto significa que el rechazo se concentra más en las siglas partidistas que en la ciudadanía que las apoya. Esta diferencia permite una lectura menos catastrofista: aunque existe una negatividad amplia hacia el sistema de partidos, esa negatividad no siempre se traslada con la misma intensidad al plano social de los votantes.

Nueve de cada diez personas quieren participar entre elecciones

Solo el 9% de la ciudadanía adulta declara no estar interesada en participar. La disposición ciudadana a participar entre elecciones es alta, pero los canales por los que se expresa son desiguales. Los formatos de presión y acción cívica están muy extendidos: firmar peticiones lo ha hecho el 68,4% de la ciudadanía adulta; manifestaciones, el 60,8%; donar a una ONG, el 50,4%; presentar quejas a la administración, el 48,8%; participar en asociaciones, el 42,6%. Los mecanismos institucionales diseñados por las administraciones —consultas públicas, asambleas ciudadanas, presupuestos participativos— se quedan, sin embargo, entre el 14% y el 24% de participación declarada.

La falta de tiempo es la barrera más mencionada para participar más, con un 23,6%, seguida de la percepción de que participar “no sirve para nada”, con un 20,5%.

El informe también muestra que la polarización no se asocia con desmovilización. Quienes han tenido experiencias de conflicto político —discusiones fuertes, ruptura de conversaciones, abandono de grupos— participan más, no menos, en formatos de presión, expresión digital y participación cívica. La polarización no nos expulsa de la vida política, pero a veces cambia los canales por los que participamos.

«La gente quiere participar, y quiere hacerlo en formatos que sirvan para algo. Lo que muestran los datos es que diálogo y conflicto pueden coexistir en las mismas personas, y que el trabajo pendiente no es combatir la polarización de la ciudadanía, sino diseñar procesos a la altura de la que ya tenemos, quizá inspirándose en los espacios informales cotidianos en los que la gente consigue superar sus diferencias cada día». — Christian Griot, investigador de Political Watch y autor principal del estudio

Seis condiciones para procesos participativos a la altura de la ciudadanía

A partir del análisis cuantitativo y cualitativo, el informe identifica seis condiciones que demanda la ciudadanía para formar parte de procesos formales de participación, tres de proceso y tres de resultado.

Entre las de forma, las personas encuestadas demandan un ambiente respetuoso y esta petición aumenta 10 puntos entre los perfiles de bajo conflicto y los de alto conflicto. En segundo lugar, se piden garantías de neutralidad explícita, especialmente entre quienes presentan mayor animosidad hacia partidos o hacia votantes. Lo exige en torno al 20%. Como tercera condición, necesitan sentirse representados, especialmente aquellos perfiles de centro.

En cuanto a resultados, las principales demandas son la de que cualquier proceso participativo consiga resultados visibles (lo exige la mitad de la gente, transversal a las ideologías), que sea más transparente (36%) y que genere decisiones más vinculantes (31%).

Todas estas condiciones permitirían convertir la activación política en deliberación útil, en lugar de en confrontación improductiva.

Sobre lo que mide el estudio

El informe ofrece una fotografía de las percepciones declaradas por la ciudadanía española adulta en mayo de 2026 y se basa en una encuesta representativa con cuotas por género, edad y comunidad autónoma. Los datos hablan de polarización percibida, no de polarización objetiva; los hallazgos describen asociaciones entre variables, no relaciones causales. El estudio analiza cinco dimensiones de la polarización —ideológica, afectiva, vertical (hacia partidos), horizontal (hacia votantes) y conflictiva (la vivida en lo cotidiano)— y muestra que estas dimensiones no siempre coinciden ni se distribuyen de la misma forma.

Esta investigación se ha elaborado en el marco del convenio firmado por Political Watch con la entidad pública Red.es para promover los derechos de participación ciudadana y la configuración del espacio público establecidos por la Carta de Derechos Digitales. Está financiada por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con Fondos NextGeneration de la Unión Europea.

Materiales disponibles

  • Informe completo (PDF)
  • Resumen ejecutivo (PDF)
  • 10 datos esperanzadores para la convivencia (PDF)
  • Infografía (PDF)

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